
El gasto en inteligencia artificial complica la lucha contra la inflación de la Fed
La expansión de la inteligencia artificial eleva un 10,1% la luz y complica a la Fed. Conozca el impacto en sus inversiones de bolsa.
Promesas sobre la inteligencia artificial formuladas por líderes tecnológicos proyectaban una era de deflación y abundancia extrema, asegurando que la tecnología reduciría drásticamente los costos operativos en toda la economía global.
Esta visión de precios a la baja fue respaldada por Elon Musk, directivo de Tesla (TSLA) y SpaceX (SPCX), así como por Masayoshi Son, líder de SoftBank, quien anticipó una contracción del 40% en los costos de producción.
Frente a dichos pronósticos optimistas, la integración del sector enfrenta una inercia corporativa que genera presiones inflacionarias de corto plazo, aportando evidencias escasas de un auge inmediato en las estadísticas de productividad.
La lentitud en la adopción empresarial se combina con desembolsos multimillonarios en centros de datos, saturando las cadenas de suministro e incrementando los precios del suministro eléctrico antes de que se materialicen los retornos de inversión esperados.
Ronnie Chatterji, economista jefe de OpenAI, reconoció este descalce temporal al explicar que:
«Para que impacte en la economía, tiene que ser adoptada por las organizaciones»
Proyecciones de Goldman Sachs estiman que el gasto de capital alcanzará los 581.000 millones de dólares en Estados Unidos, representando el 1,8%del PIB nacional, con previsiones de escalar al 2,8% para 2028.
Analizando este despliegue de recursos, Peter Boockvar, especialista de One Point BFG, comparó la tendencia con la era de internet, recordando que durante ese periodo la productividad estadounidense solo avanzó un 1,5% promedio a lo largo de tres décadas.
Cuestionando las expectativas excesivas del mercado, el analista advirtió que:
«Pensar que la IA generativa va a aportar ese nivel de mejora a la economía, en relación con internet, es difícil»


Julie Averill, exdirectora de tecnología en Lululemon (LULU), coincidió con este diagnóstico de cautela al señalar que:
«La realidad es que la tecnología está ahí. El entusiasmo desmedido gira en torno a la facilidad de la tecnología en una gran organización»
Detallando los obstáculos internos de integración, la especialista explicó que «las cosas que siempre han dificultado las implementaciones en las grandes empresas siguen existiendo, que son las personas», requiriendo un cambio cultural complejo para generar confianza en los modelos.
Bajo este escenario de adopción lenta pero de gasto masivo en energía e infraestructura, la Reserva Federal enfrenta un dilema de política monetaria, donde la tasa de interés se conservó entre el 3,5% y el 3,75% tras divisiones internas sobre el impacto inflacionario.
Neel Kashkari, presidente de la delegación de Minneapolis, advirtió sobre la presión en las facturas de electricidad de los hogares, las cuales aumentaron un 10,1%, mientras JPMorgan Chase estima que los precios de memoria DRAM escalarán un 400% debido a las compras masivas de Nvidia (NVDA).
Con estos incrementos de costos en software del 22,9%, el presidente de la Fed, Kevin Warsh adoptó un tono de cautela, reconociendo que la magnitud y el momento de los efectos beneficiosos de la tecnología sobre la oferta siguen siendo difíciles de predecir para el banco central.
La lenta adopción en las organizaciones contrasta con desembolsos en infraestructura por 581.000 millones de dólares que saturan las cadenas de suministro. Por consiguiente, los costos inmediatos en energía y equipamiento se han vuelto más visibles antes de que se materialicen los beneficios esperados en la productividad.
Las facturas de electricidad de los hogares aumentaron un 10,1% en los últimos dos años por el consumo de los centros de datos, mientras que el costo del software escaló un 22,9%. Asimismo, estimaciones bancarias prevén que los precios de las memorias DRAM se me disparen un 400% hacia el cierre del año impulsados por compras masivas.
El banco central conservó los tipos oficiales en el rango del 3,5% al 3,75% ante la divergencia de criterios sobre el impacto inflacionario de la tecnología. En consecuencia, la institución mantiene una postura de extrema cautela porque la magnitud y el momento exacto en que la innovación expandirá la oferta siguen siendo difíciles de predecir.
