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Fragmentos de un discurso tecnológico
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Fragmentos de un discurso tecnológico

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Miguel Velardez
domingo, 06 de septiembre de 2026 · 09:00 a. m. hs · 12 min
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El XIV Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica se reunió en el MUNT y fue presidido por la tucumana Dra. Carolina Araujo. Convocó a más de cien investigadores de la Argentina y de otros países latinoamericanos. Durante cuatro jornadas, distintas disciplinas debatieron l…

Resumen para apurados

Roland Barthes ordenó fragmentos de un discurso amoroso en figuras, cada una con su nombre y su argumento, porque al enamorado se le imponen, por así decirlo, escenas.  Veamos si nos hace pensar nuestra relación con la tecnología.

Sentimiento que aparece cuando algo que creíamos reservado a nosotros lo hace también otro, y obliga a revisar qué era eso que llamábamos propio

Por Darío Sandrone

Para LA GACETA - CÓRDOBA

Además de una disciplina, filosofía es un nombre genérico para designar a la práctica del pensamiento crítico y reflexivo. Un signo del Coloquio es pensar la época. En consecuencia, han sido mayoría los trabajos en torno a las formas en que las tecnologías digitales y la inteligencia artificial están transformando aceleradamente la educación, la política, el arte y la vida misma.

Un debate recurrente giró en torno a la duda acerca de si los humanos somos tan especiales como creíamos. En la actualidad, máquinas informáticas pueden realizar muchas de las actividades que creíamos circunscritas únicamente a nuestra especie, como conversar, escribir e incluso cumplir funciones sociales como el diagnóstico médico.

Por otro lado, un tema que apareció recurrentemente es el salto de escala que han sufrido nuestras tecnologías. Si hasta hace unas décadas nuestras prácticas más habituales estaban mediadas por objetos, herramientas y máquinas, desde hace algunos años están sumergidas en infraestructuras computacionales a escala planetaria. Aquella incipiente Internet que se empezó a comercializar a principios de la década de 1990 ha devenido en una enorme estructura material e informática compuesta de servidores, datos, cables, satélites, algoritmos y dispositivos.

Quizá estos dos aspectos sean los disparadores para pensar otras cuestiones que siempre fueron motivos de debate en la filosofía pero que ahora adquieren otro formato. ¿Qué significa ser feliz en esta era? ¿Hacia dónde va la historia de los humanos ahora? ¿Qué es hacer política en estos contextos y qué política debe hacerse? ¿Qué se debe esperar de la economía y el dinero a partir de la digitalidad? ¿Qué poder tienen los Estados frente a las grandes corporaciones supranacionales que desarrollan tecnologías de gran impacto en la población?

Esas y otras preguntas son las que se han planteado a lo largo de estas jornadas en el Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica.

© LA GACETA

Darío Sandrone - Doctor en Filosofía y docente de la Maestría en Tecnología, Políticas y Culturas de la UNC.(Córdoba)

Lo que se ofrece a la mirada descansa sobre capas que no se ven y que deciden, sin decirlo, qué puede verse

Por Agustín Berti

Para LA GACETA - TUCUMÁN

Estoy investigando cómo se modifica la cultura en el contexto de la plataformización, en especial el audiovisual, que siempre tuvo un componente más industrial que otras artes y producciones culturales. Las plataformas de video a demanda son una reorganización estructural del ecosistema completo en el que se produce, distribuye, recibe y archiva la producción audiovisual contemporánea. Sin embargo, los marcos teóricos disponibles para analizarla tienden a operar sobre capas aisladas del proceso. Propongo el concepto de «pila audiovisual» como marco de análisis para abordar esa interdependencia, influido por Benjamin Bratton. La «pila audiovisual» se inspira en ese modelo para dar cuenta de algunas novedades del campo cultural audiovisual contemporáneo, en particular la posibilidad de pensar en términos de patrimonios y acervos culturales audiovisuales, la posibilidad archivística de algunas formas de plataformización y las asimetrías entre actores privados y públicos en la administración de cada capa, así como los desafíos a la soberanía en diferentes planos.

Mi premisa es que la plataformización del audiovisual no puede comprenderse analizando una sola capa: lo que ocurre en la interfaz es inseparable de las decisiones que se toman en las capas de la algoritmización, de los marcos legales que regulan los derechos de exhibición, y de la infraestructura física que sostiene el servicio.

Pensar el audiovisual en términos de pila es una condición necesaria para poder disputar los términos de su plataformización: qué capas controlan los estados, qué agencia retienen los públicos, qué patrimonio se preserva y bajo qué condiciones de acceso, qué políticas implícitas se esconden en su diseño, y qué estándares de funcionamiento imponen así como qué margen de interoperabilidad habilitan o clausuran a partir de la aplicación de distintos protocolos. Mi intuición es que estamos ante un proceso no ya de plataformización sino de infraestructuración de la cultura que hay que leer en línea con definiciones políticas que determinan el diseño técnico a escala territorial como el que suponen proyectos como el Super RIGI, en el que conviven los distintos niveles de lo que caractericé como «pila audiovisual», y en los que la interoperabilidad a nivel usuario ha sido clausurada por definiciones de orden político-económico antes que técnico.

© LA GACETA

Agustín Berti - Doctor en Letras, docente e investigador del Instituto de Humanidades (Conicet/UNC).

En el amor uno se ata a aquello que lo protege, y después ya no sabe salir sin quedar a la intemperie

Por Cristina Bosso

Para LA GACETA - TUCUMÁN

Uno de los puntos de partida de nuestro recorrido fue considerar la técnica como un factor constitutivo de lo humano.

Animales incompletos, indefensos, asustados, a diferencia del resto de las especies no tenemos un repertorio instintivo que determine cómo debemos vivir. Necesitamos construir un entorno donde la vida pueda desarrollarse, hábitats donde guarnecernos de la intemperie. Partiendo de una larga tradición de la antropología filosófica que piensa al ser humano como un animal biológicamente no especializado, Sloterdijk radicaliza la idea de que lo humano sólo puede existir mediante la construcción de entornos, técnicas y prácticas de formación. Necesitamos transformar el entorno para volverlo habitable.

Desde esta perspectiva, la técnica se concibe no ya como un conjunto de instrumentos externos que un sujeto utiliza para alcanzar determinados fines, sino como un factor que interviene desde el comienzo en la constitución de las formas de vida humana. En el proceso de transformar el entorno nos transformamos a nosotros mismos; Sloterdijk habla de «antropogénesis» para referirse a este proceso de configuración de lo humano.

Los sistemas técnicos transforman la educación, el modo de leer, de distinguir lo verdadero de lo falso. Desmoronan sistemas de creencias y escalas de valores. Transforman las formas de convivencia y de gobierno. El poder cambia de manos: los estados se debilitan frente a las grandes empresas tecnológicas. Abren nuevas grietas entre los acólitos de las nuevas tecnologías y los que abogan por la resistencia y el valor de la tradición.

El concepto de antropotécnica que propone Sloterdijk resulta una valiosa herramienta conceptual para este análisis. En tanto hace referencia a las prácticas mediante las cuales los seres humanos se forman a sí mismos, ejercicios, hábitos, formas de entrenamiento que intervienen en la producción de determinados tipos de sujetos, nos sirve para pensar el papel de la tecnología contemporánea en nuestra configuración como sujetos.

Nos permite pensar las nuevas tecnologías como medios de protección y a la vez como fuentes de nuevas dependencias, que amplían capacidades y generan nuevas formas de vulnerabilidad; que nos liberan de determinadas cargas pero nos encadenan a otras, introducen nuevas posibilidades pero generan nuevos métodos de domesticación.

© LA GACETA

Cristina Bosso - Doctora en Filosofía, docente Facultad de Filosofía y Letras de la UNT y directora del Instituto de Estudios Antropológicos.

El discurso se dice inmaterial. Se sostiene, sin embargo, sobre cuerpos, minerales, agua y territorios concretos

Por Natalia Fischetti

Para LA GAETA - MENDOZA

Internet, las plataformas y la IA son fenómenos complejos que se entraman con las sociedades y también con la naturaleza en lo que podemos denominar naturoculturas. Las tecnologías algorítmicas se desarrollan en sociedades que están atravesadas por relaciones de poder patriarcales, capitalistas y coloniales que en Latinoamérica tienen efectos particulares sobre los cuerpos de las mujeres y diversidades y sobre los territorios por el extractivismo de datos y de bienes comunes, como minerales y agua, y la contaminación que conlleva.

Los estudios feministas de la tecnología disputan el modelo de Tecnología hegemónico que se pretende global y omnipresente y que, en alianza con el capital financiero y las políticas neoliberales y neoconservadoras, están poniendo en peligro a nuestras comunidades, nuestras instituciones, nuestros trabajos, nuestros cuerpos y nuestros territorios.

El problema entonces no son las tecnologías sino el particular modo en el que han sido apropiadas por las corporaciones con las trampas del instrumentalismo, el determinismo y el solucionismo tecnológico que impone el mercado.

Desde los estudios sociales críticos y feministas de las tecnologías proponemos otras posibilidades, narramos otras historias e imaginamos otras maneras de habitar con las técnicas y las tecnologías para otro presente y futuros posibles en los que lo importante sea la relacionalidad, la coexistencia, el cuidado y el cohabitar de tecnologías, culturas y naturalezas diversas.

© LA GACETA

Natalia Fischetti - Doctora en Filosofía, docente e investigadora del Conicet en el Incihusa (Mendoza).

Remedio y veneno son la misma cosa, y nada en ella decide de antemano cuál de los dos va a ser. Depende de la medida y del momento

Por Carolina Araujo

Para LA GACETA - TUCUMÁN

El nuestro es un tiempo excepcional desde la perspectiva del desarrollo de una tecnología. Somos testigos, en un tiempo acelerado, de la implementación global de la inteligencia artificial. Los cambios que en otros tiempos atravesarían a varias generaciones, nosotros los estamos viviendo de manera comprimida, en nuestros propios recorridos vitales. Ambas condiciones, la aceleración y la escala planetaria, son inéditas y marcan la singularidad de nuestro tiempo.

Pero además, como lo señalan Andrew Feenberg, Bernard Stiegler y otros filósofos de la técnica, la etapa de implementación de un sistema es el momento de mayor plasticidad y permeabilidad de la técnica, antes de su cristalización en una forma definida. Stiegler advierte que la forma en la que se articule la nueva época tecnológica marca los ritmos, dinámicas y rutinas que seguiremos quienes habitamos y habitaremos estas nuevas prácticas. Las nuevas tecnologías van moldeando el mundo que vivimos y también nos regulan, modulan y atraviesan. Por eso es tan importante reflexionar filosóficamente sobre los cambios que estamos atravesando, hacerle lugar a las preguntas que puedan abrir posibilidades de construir dinámicas que nos favorezcan, nos sostengan.

Creo que es importante discutir qué urgencias y qué necesidades estamos tratando de resolver cuando pensamos la implementación de IA, especialmente en nuestras provincias y regiones marcadas por profundas desigualdades y vulnerabilidades. En lugar de aceptar la dinámica y el enfoque hacia la aceleración y la productividad que imponen las plataformas de IA, sostengo que tenemos que desafiarnos a pensar para qué necesitamos, para qué queremos que funcione esta capacidad de cómputo y de precisión a gran escala.

El desafío es buscar qué prácticas queremos potenciar con IA y, personalmente, me interesa explorar si es posible que la solidaridad, como forma de vincularnos con los demás, pueda encontrar una nueva configuración en las lógicas que nos proponen las plataformas o si vamos camino a un mayor aislamiento con la emergencia de los chatbots conversacionales.

La metáfora del pharmakon que propone Stiegler nos sirve para pensar cómo las mismas tecnologías pueden beneficiarnos y dañarnos. Lo importante es estar atentos a que la tecnología se despliegue como antídoto, con su precisión, su justa medida y su intervención a tiempo, porque de esta actitud cuidadosa depende que no termine convirtiéndose en veneno.

© LA GACETA

Carolina Araujo - Doctora en Filosofía y docente e investigadora Facultad de Filosofía y Letras de la UNT; máster por la Universidad de Salamanca.

En el amor hay escenas de peleas donde ya no se discute el motivo sino quién consigue cerrar. Nadie cede la última palabra, y por eso no termina

Por Santiago Garmendia

Para LA GACETA - TUCUMÁN

Para cerrar digamos quisiera referirme a la razón de esta estructura y la referencias a Barthes. Tras una charla magnífica sobre código abierto e inestable, modelización de paradojas, ética de los medios y scraping, uno de los colegas más reconocidos levantó la mano y preguntó.

-¿Habrán leído a Roland Barthes los que programaron el chat? Se me hace que sí.

Para nuestra sorpresa contó que días antes había conversado con ChatGPT. Cuando quiso despedirse la máquina contestó con cortesía. Él agradeció y volvió a responder. Ensayó una frase final, recibió otra despedida y decidió que tendría la última palabra. Fue en vano porque cada cierre abría una nueva vuelta. De allí su sospecha sobre Barthes. Nos quedamos callados.

La observación admite una pequeña enmienda. Ese deseo no define al discurso amoroso entero, sino que corresponde a uno de sus juegos más feroces, el que Barthes llama "hacer una escena". En la pelea de amantes el motivo inicial se pierde pronto y ya no importa qué se discute, sino quién consigue cerrar. Cada frase reclama una respuesta que busca quedar por encima de la anterior. Ni siquiera el silencio termina la escena porque puede leerse como desdén, castigo o provocación. Explicarla tampoco sirve, ya que la explicación se vuelve una frase más.

La última palabra no demuestra quién tiene razón. Ordena lo dicho, deja al otro sin réplica y expresa la pretensión de existir un poco más que él en la conversación, ponerlo en su lugar y colocar por fin el punto final. Si los programadores leyeron a Barthes, acaso no fue el Barthes del "te amo", sino el de la pelea.

También está la escena del "cortá vos", "no, cortá vos", donde vuelve a disputarse la última palabra, aunque al revés. En la pelea cada uno quiere apropiársela, mientras que en la despedida cada uno intenta entregársela al otro. "Cortá", "cortá vos", "no, vos". La repetición prolonga el vínculo y desplaza la responsabilidad de producir el silencio. La última palabra ya no corona una victoria porque es la que deja al otro del otro lado. Barthes imagina que los dos "te amo" sean pronunciados al mismo tiempo, sin primero ni último, en una "abolición de toda contabilidad".

El chat queda entre ambas escenas. Puede agotarnos porque responde siempre y hace imposible ganar el cierre, pero también puede seducirnos porque nunca nos somete al silencio del otro. Quizá la cuestión sea qué relación con el lenguaje aprendemos cuando siempre hay una respuesta disponible. ¿Terminaremos cansados de una máquina que no sabe callar o necesitándola porque nunca calla?

© LA GACETA

Santiago Garmendia - Doctor en Filosofía, docente e investigador (FFyL UNT).

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